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Kaoar: cadena de oasis en el Sahara de Níger, Bilma y Dirkou
Descubre la cadena de oasis de Kaoar en el Sahara de Níger: Bilma, Dirkou y puntos donde la sal, los dátiles y las rutas migratorias sostienen la vida local.
Al este del desierto del Tenere, en pleno corazón del Sahara, se encuentra un lugar asombroso: Kaoar. No es una ciudad ni un pueblo, sino una cadena de oasis encajada al pie de una meseta arenosa. Allí donde las dunas parecen interminables, de pronto irrumpe el verde, y con él el agua y la vida.
Dónde está Kaoar y qué es
Kaoar es una larga franja de oasis verdes en el noreste de Níger, cerca de las fronteras con Libia y Chad. Aquí se encuentran pequeños asentamientos como Bilma, Dirkou, Aney y Séguédine. Pueden parecer modestos frente a las grandes urbes, pero en esta región reseca tienen un peso notable.
Los oasis existen gracias al relieve. Una escarpa elevada protege la zona de la arena y la humedad se acumula a sus pies. Aquí crecen palmeras datileras, junto a pozos y huertos pequeños. En conjunto, hacen posible la vida donde el agua es el bien más preciado.
Bilma: un oasis de sal y dátiles
Bilma es uno de los oasis más conocidos de Kaoar. Aquí se producen sal y natrón (una sal mineral usada en la vida cotidiana y en la medicina). También se cultivan dátiles, valiosos tanto como alimento como para comerciar.
En el pasado, de Bilma partían grandes caravanas de camellos cargadas de sal. Hoy son poco frecuentes, pero la extracción de sal sigue siendo un pilar de la vida local.
Dirkou: un paso a través del desierto
Dirkou es otra localidad clave en esta cadena de oasis. Situada más al norte, históricamente ha sido una escala para quienes cruzaban el desierto. Hoy no suele ver solo mercancías, sino también personas que se dirigen a otros países, lo que la convierte en un punto destacado de las rutas migratorias.
Por qué importan estos oasis
Los oasis de Kaoar no son simples manchas bonitas entre la arena. En un clima tan seco y caluroso, se vuelven líneas de vida: lugares donde encontrar agua, alimento y descanso. Por eso estos asentamientos importan para el país en su conjunto, tanto para la supervivencia como para la economía.
Con el clima en transformación y un mayor número de personas atravesando el desierto, estos lugares pueden ganar aún más relevancia. Es previsible que concentren antes que otros la atención, tanto para brindar ayuda como para proteger la naturaleza.
Kaoar muestra cómo las personas logran seguir adelante incluso en las condiciones más duras. Los dátiles se siguen cultivando, la sal se sigue extrayendo y las tradiciones pasan de generación en generación. Los oasis resisten entre las arenas, recordatorio de que, incluso en el corazón del desierto, la vida perdura.