05:30 29-12-2025
Longyear (Noruega) y Miyajima: mito y realidad de la supuesta prohibición de morir
Desmontamos el mito: en Longyear (Noruega) y en Miyajima (Japón) morir no está prohibido. Qué hay detrás: permafrost, tradición y seguridad, mito viral.
Internet se alimenta de historias asombrosas. Es probable que hayas visto afirmaciones sobre un pueblo de Noruega donde morir estaría fuera de lugar o una isla japonesa que prohíbe tanto nacer como fallecer. Suena a ciencia ficción; la duda es si de verdad es así.
El punto en el que termina la realidad y empieza la leyenda pulida no salta a la vista. Adelanto: la respuesta es menos tajante de lo que parece.
Noruega: un pueblo donde hasta los muertos se congelan
En pleno Ártico, en el archipiélago de Spitsbergen, está el diminuto pueblo de Longyear, uno de los asentamientos más septentrionales del planeta. Es el caso que más se cita cuando alguien asegura que allí morir está prohibido.
La razón es el permafrost. El suelo permanece tan profundamente helado que los cuerpos no se descomponen. No es una exageración: investigadores hallaron incluso rastros de la gripe española —la misma pandemia que arrasó en 1918— en el cuerpo de una persona enterrada aquí muchos años atrás, lo que dejó claro el riesgo.
Desde entonces, Longyear dejó de enterrar a sus difuntos. Cuando alguien muere, el cuerpo se traslada a la Noruega continental. Quienes están gravemente enfermos suelen ser derivados con antelación. En el pueblo no hay residencias de ancianos ni un gran hospital. Así que no existe una prohibición formal de morir, pero todo está organizado para que el último capítulo ocurra en otro lugar.
De ahí surgió la idea de una supuesta prohibición de la muerte: no es una ley, sino una respuesta práctica a un entorno implacable.
Japón: una isla empeñada en mantenerse pura
En Japón está la isla de Miyajima, considerada sagrada. Allí se alza un santuario célebre y perviven costumbres de siglos. Una de ellas busca evitar todo aquello que pudiera considerarse impuro para la isla, incluidos los nacimientos y las muertes.
En el pasado, a las mujeres próximas al parto y a los enfermos de extrema gravedad se las llevaba fuera con antelación. No porque lo ordenara la ley, sino por respeto a la tradición religiosa.
Hoy no hay normas ni leyes específicas que prohíban morir en Miyajima. Aun así, el relato sigue circulando. Los artículos repiten a menudo que allí la muerte está vetada, y así la idea se convierte en una leyenda atractiva: sugerente, pero no del todo exacta.
¿Por qué se repite como si fuera un hecho?
Un titular que afirma que en cierto lugar no te dejan morir resulta mucho más tentador que explicar que allí no se entierra porque hace demasiado frío. Por eso las historias de Longyear y Miyajima vuelan tan lejos.
En un caso manda el clima duro; en el otro, la tradición cultural. En ninguno existe una ley que impida morir. Aun así, ambos ejemplos dicen mucho: la naturaleza, la religión y la preocupación por la seguridad pueden redefinir cómo afronta una comunidad algo tan cotidiano —y decisivo— como la muerte.
Lo esencial
- En Longyear, Noruega, no se permiten los entierros por el permafrost. Morir no está prohibido, pero a los enfermos críticos suelen trasladarlos a la parte continental.
- En Miyajima, Japón, no hay ninguna ley contra la muerte. Es una cuestión de tradición y respeto por un lugar sagrado.
- Legalmente, morir no está prohibido en estos sitios. Pero el clima o la cultura instauran prácticas que se sienten casi como reglas de un cuento popular.
Por qué nos atrapa
Nos atrae lo inusual, y más cuando hay un velo de misterio. Si se mezcla la muerte con la idea de prohibición, la historia se pega a la memoria. No extraña que estas narrativas hayan prosperado.
La tarea está en separar los hechos sólidos del envoltorio llamativo. Incluso sin un veto oficial, las razones por las que en estos lugares se desincentiva la muerte son reales y, si se piensa bien, bastante lógicas.