17:41 27-12-2025

Qué se come en Año Nuevo en distintos países: platos típicos y su significado

Descubre los platos de Año Nuevo más emblemáticos del mundo: tradiciones, simbolismo y recetas como lentejas, osechi, tteokguk o panettone para tu mesa.

© A. Krivonosov

Año Nuevo no es solo tiempo de propósitos y brindis; también es uno de los rituales culturales más significativos del planeta. Cada país recibe la fecha a su manera, pero hay algo que los une: familiares y amigos se sientan a la mesa festiva para saludar juntos al año que llega. Los platos de temporada se vuelven símbolos por derecho propio, reflejo de tradiciones, historia y del gusto culinario de cada lugar.

En todos los continentes, la estación llega con sabores y aromas propios. Unos se inclinan por recetas que representan prosperidad y riqueza; otros eligen alimentos asociados a la larga vida y la felicidad en familia. En Italia casi nunca faltan las lentejas, mientras que en Japón el osechi-ryori ocupa el lugar de honor: un conjunto meticuloso de especialidades celebratorias.

Este reportaje propone un viaje por las mesas de Año Nuevo del mundo. Tal vez de aquí salga alguna idea para tu propio menú y un toque cosmopolita para la fiesta.

Rusia

Cuando se habla de la mesa de Año Nuevo en Rusia, dos clásicos aparecen de inmediato: la ensalada Olivier y el arenque bajo abrigo. Son más que recetas; forman parte del tejido de la fiesta y crean una sensación de confort y continuidad.

El Olivier es el rey del banquete. Su historia arranca en el siglo XIX, cuando Lucien Olivier, cocinero de origen francés, creó el plato en el célebre restaurante Hermitage de Moscú. La versión original incluía delicias como urogallo, lengua, caviar negro, cangrejos de río y alcaparras. Con el tiempo, la receta se adaptó a la realidad soviética y se volvió más sencilla, accesible y, sobre todo, querida.

El arenque bajo abrigo es otro infaltable que llega puntualmente a la celebración. Nacido en el siglo XX, en plena época soviética, surgió de la idea de un plato económico, contundente y hecho con ingredientes cotidianos.

Ambos ganaron un lugar fijo gracias a su versatilidad, sus componentes asequibles y su sabor generoso. No solo decoran la mesa: marcan un tono cálido y nostálgico, recordatorio de que Año Nuevo trata de reunirse, compartir y mirar al futuro con buen ánimo.

Italia

En Italia, el Capodanno se celebra con una mesa cargada de tradición y simbolismo. Entre los imprescindibles figuran el chiocchio con lentejas, el zampone (manita de cerdo rellena) o el cotechino (salchicha), y el dulce panettone: un conjunto que resume la pasión por la comida y el apego al ritual.

El chiocchio con lentejas —las lentejas ocupan un lugar de honor en Año Nuevo— simboliza riqueza y suerte económica. Su forma de moneda habla por sí sola: se dice que cuantas más se comen en la noche vieja, más próspero será el año por venir.

El zampone y el cotechino son carnes clásicas sin las que la mesa italiana no se siente completa. Representan avance y prosperidad: el cerdo, hocicando hacia delante, funciona como una metáfora del progreso.

El panettone —un pan abombado con frutas confitadas— es el postre de referencia no solo en Navidad, también en Año Nuevo. Nacido en Milán, simboliza felicidad y abundancia. Ligero y fragante, pone un final dulce ideal. En algunas familias se deja un trozo en la mesa hasta el día de Año Nuevo, como discreta invitación a la buena suerte.

Alemania

En Alemania, la mesa de Año Nuevo es más que una comida: es una tradición cargada de significado. Los platos se eligen con cuidado para atraer suerte, salud y prosperidad. Entre los favoritos están el codillo de cerdo, el Sprengel (un pan dulce de almendra) y el arenque salado, cada uno con su papel en la celebración.

El codillo, o Schweinshaxe, es un básico. El cerdo se asocia tradicionalmente con la buena fortuna y el bienestar.

El Sprengel es un pan festivo con almendras, pasas y especias cálidas. Su forma generosa y su sabor rico simbolizan la abundancia, y además luce perfecto como pieza central.

El arenque es otro imprescindible. Ya sea en escabeche, salado o ahumado, se vincula con el éxito y el impulso hacia adelante, un talismán oportuno para los primeros minutos del año. Muchos lo buscan pasada la medianoche para marcar el tono de lo que viene.

Francia

En Francia, el Réveillon de la Saint-Sylvestre invita a saborear los gustos más refinados. La mesa rebosa de delicadezas que hablan de riqueza, abundancia y finura. El foie gras, las ostras y otros frutos del mar comparten protagonismo con el tronco navideño, la bûche de Noël, alimentos que cargan un simbolismo sereno.

El foie gras —paté de hígado de oca o pato— suele aparecer en Año Nuevo como sinónimo de lujo y bienestar.

Ostras, gambas, langostas y otros regalos del mar ocupan un lugar central. Evocan opulencia y frescura. En especial las ostras, que sugieren un capítulo nuevo, con el mar insinuando renovación y energía.

La bûche de Noël, el pastel con forma de tronco, aporta calidez y continuidad, un guiño al hogar y a la tradición.

En conjunto, estos platos convierten la comida de Año Nuevo en una pequeña celebración de belleza y equilibrio, un brindis esperanzador por lo que está por venir.

China (Año Nuevo chino)

El Festival de Primavera es la fiesta más importante del año, y la mesa se llena de platos simbólicos que prometen suerte, prosperidad y salud. A la cabeza están las empanadillas, el pescado y los fideos de la longevidad, una muestra de hasta qué punto comida, ritual y esperanza van de la mano.

Las empanadillas (jiaozi) son centrales. Con forma de antiguos lingotes de oro, simbolizan riqueza y buena fortuna. Las familias suelen prepararlas juntas en la víspera, transmitiendo una costumbre muy querida. Los rellenos varían —cerdo, ternera, verduras, marisco— y en algunas regiones se esconde una moneda u otro pequeño amuleto para un comensal afortunado.

El pescado (yu) suena como “superávit” o “abundancia”, lo que lo convierte en un potente símbolo de prosperidad. Servido entero, subraya la armonía y la plenitud.

Los fideos de la longevidad (changshou mian) se sirven largos y sin cortar para desear una vida larga y feliz. Su longitud representa continuidad, así que se procura no romperlos.

Japón

El Shōgatsu, el Año Nuevo japonés, se celebra con profundo respeto por la tradición y la familia. El menú festivo rebosa significado. Osechi-ryori, mochi y toshikoshi soba son las señas de identidad: platos que conquistan mientras, en voz baja, desean felicidad, salud y prosperidad.

El osechi-ryori es un surtido elegante servido en cajas lacadas apilables llamadas jubako. Ocupa el centro de la fiesta y representa abundancia, armonía y buena fortuna. Cada componente transmite un mensaje propio. Se prepara de antemano, honrando la costumbre de evitar tareas domésticas al inicio del año, y se disfruta durante los primeros días.

El mochi —pasteles de arroz suaves y elásticos— aparece por todas partes, ya sea solo o en sopas como el ozoni. Habla de unión, lazos familiares fuertes y buena suerte.

El toshikoshi soba —literalmente “fideos para cruzar el año”— es un cuenco sencillo pero simbólico que se come en la víspera para desear larga vida y cortar con las dificultades del año que termina.

Corea del Sur

El Seollal, el Año Nuevo coreano, marca un capítulo nuevo y el reencuentro familiar. El plato estrella es el tteokguk, una sopa clara y reconfortante con láminas de pastel de arroz. Sencilla, sí, pero cargada de sentido: renovación, longevidad y suerte.

Según la tradición, un cuenco de tteokguk el día de Año Nuevo suma simbólicamente un año a la edad de la persona. El color blanco de los pasteles de arroz sugiere pureza y un comienzo limpio; sus rodajas redondas, parecidas a monedas, insinúan prosperidad, y su longitud apunta a una vida larga y feliz.

El propio gesto de preparar y compartir tteokguk sienta a generaciones en la misma mesa y refuerza el respeto por los mayores y la unión.

Estados Unidos

A lo largo de Estados Unidos, los menús varían según la región, pero hay algunos imprescindibles compartidos. Los frijoles de ojo negro con verduras de hoja y pan de maíz llegan cargados de simbolismo, mientras que el pavo o el jamón suelen ocupar el centro de la mesa, una manera de invocar abundancia y consuelo compartido.

Frijoles de ojo negro, verduras lentas (como berza o espinaca) y pan de maíz componen un plato clásico de Año Nuevo, especialmente en el Sur, donde representan riqueza, suerte y salud.

El pavo o el jamón sirven de pieza central. El pavo —más asociado a Acción de Gracias— también aparece en Año Nuevo, evocando calidez familiar y abundancia. El jamón, en algunas regiones, se ve como señal de prosperidad y avance: el cerdo que se mueve hacia delante.

México

En México, el Año Nuevo estalla en sabores vivos y costumbres arraigadas. Los tamales y la Rosca de Reyes dominan la mesa festiva: platos que saben a celebración y concentran un sentido cultural ligado a la familia y a la buena fortuna.

Los tamales —masa de maíz envuelta en hojas de maíz o de plátano y cocida al vapor con diversos rellenos— son un clásico y, a la vez, un esfuerzo colectivo. Prepararlos reúne a la familia, y ese trabajo compartido forma parte de la celebración. El maíz, tan central en la vida y la cultura, convierte al tamal en emblema natural de los nuevos comienzos.

La Rosca de Reyes —pan dulce en forma de anillo y decorado con fruta confitada— se asocia más con el 6 de enero, pero también suele aparecer en Año Nuevo. En su interior se esconde una pequeña figura del Niño Jesús; a quien le toca, le corresponde el honor de organizar la reunión de la Candelaria en febrero.

Brasil

El Réveillon en Brasil es sinónimo de una mesa repleta de platos simbólicos: tradiciones atadas a los deseos de suerte, prosperidad y éxito. Entre los principales, las lentejas con arroz y el cerdo.

Las lentejas (lentilhas) son esenciales, normalmente con arroz en un plato sustancioso y aromático que representa buena fortuna y bienestar económico. El arroz, omnipresente en la cocina brasileña, aporta su propia nota de abundancia y fertilidad.

El cerdo —asado o estofado— es igual de importante. Se entiende como señal de movimiento hacia adelante y progreso, un deseo muy oportuno cuando el calendario pasa de página.

Argentina

En Argentina, el Año Nuevo gira en torno a la familia, los amigos y una comida que habla de calidez, compañía y abundancia. El asado —el ritual nacional de la parrilla— ocupa el centro de la escena, acompañado de pastelería dulce y fruta fresca.

El asado es más que una comida: es una ceremonia social. La carne se hace a brasas en la parrilla, y el asador —dueño del fuego y de los cortes— se vuelve el héroe discreto de la noche. No extraña que simbolice unión, alegría y plenitud.

Los dulces completan la mesa: alfajores con dulce de leche, tortas con dulce de leche, turrón y panettone. Son un deseo dulce para el año que empieza y una forma sencilla de agasajar a los seres queridos.

Como el Año Nuevo cae en pleno verano austral, la fruta fresca es imprescindible. Las uvas triunfan a medianoche —una por cada uno de los 12 meses—, mientras sandía, melón, duraznos y ananá refuerzan la idea de abundancia.

Sudáfrica

En Sudáfrica, el Año Nuevo llega en pleno verano y la celebración se mueve al aire libre. La mesa sigue la temporada: un generoso braai (carnes a la parrilla) y una variedad de frutas y verduras frescas. Sabores festivos y un mensaje claro: calidez, abundancia y encuentro.

El braai es el corazón de muchas reuniones. Es un proyecto compartido alrededor del fuego, un homenaje a la hospitalidad y a la comunidad, con todos aportando su parte.

Frutas y verduras de estación equilibran el plato: mangos, ananás, papayas y cítricos para aportar brillo y alegría, además de ensaladas sencillas de pepino, tomate, pimientos y hojas verdes. Representan armonía con la naturaleza, salud y la generosidad de la tierra.

Marruecos

En Marruecos, el Año Nuevo reúne a la familia en torno a platos que exhiben la riqueza de la cocina local. El cuscús con carne y verduras abre la marcha, seguido de dulces con miel y frutos secos: sabores que, además, son deseos de felicidad y prosperidad.

El cuscús —sémola al vapor servida con carne (a menudo vacuno, pollo o cordero) y un surtido de verduras guisadas— es un plato señero para las grandes ocasiones. Sus muchos granos aluden a la abundancia y la generosidad. Servido en una gran fuente común, también representa unidad e igualdad.

Los dulces de miel y frutos secos simbolizan alegría y buena fortuna. La miel susurra una vida dulce; los frutos secos evocan riqueza y bienestar.

Australia y Nueva Zelanda

En el hemisferio sur, el Año Nuevo coincide con el verano: las celebraciones se trasladan afuera y la comida las acompaña. Parrilladas, Pavlova y abundante marisco marcan un tono luminoso y relajado, muy pegado al mar y a la vida al aire libre.

La parrilla es el pulso de parques, playas y patios. La gente se reúne para asar y conversar sin prisa: un pequeño ritual de convivencia y placeres sencillos.

La Pavlova —un merengue etéreo coronado con fruta fresca— es un favorito festivo en ambos países. Condensa dulzura, alegría y esa pausa breve para disfrutar del momento, con la fruta como eco de la generosidad natural de la región.

El marisco es otro esencial que refleja el océano a la puerta de casa y la abundancia que trae. Fresco, ligero y celebratorio, encaja con el calor —y con el ánimo— de un Año Nuevo austral.