21:33 25-12-2025
Casas cueva en el siglo XXI: Capadocia, Kandovan y Zhongdong
Exploramos la vida en cuevas hoy: casas cueva en Capadocia, Kandovan y Zhongdong, su confort térmico, tradición y adaptación al turismo moderno y entorno
La vida en cuevas puede sonar a reliquia de un pasado remoto: imágenes de los primeros humanos o de parajes lejanos donde el tiempo parece detenido. Sin embargo, hoy, en países desarrollados, hay quien elige de forma consciente vivir en cuevas y las entiende como una manera práctica y actual de habitar. Desde acogedoras viviendas excavadas en la roca en Turquía hasta comunidades enteras en China e Irán, la tradición no solo sobrevive, también se adapta a las exigencias de la vida moderna. Y todo esto en plena era de rascacielos, casas inteligentes y alta tecnología. ¿Qué hace tan atractivo vivir bajo bóvedas de piedra?
1. Capadocia (Turquía)
Uno de los ejemplos más nítidos de vida troglodita contemporánea es la Capadocia turca. Allí, entre caprichosas formaciones y las llamadas chimeneas de hadas, abundan viviendas talladas directamente en la roca volcánica. Su historia se remonta a cientos, a veces miles, de años. Aunque muchas hoy funcionan como almacenes o casas de huéspedes, algunas siguen siendo hogares familiares de pleno derecho.
Los residentes describen este modo de vida como no solo práctico, sino también cómodo. Gracias al aislamiento natural, la temperatura se mantiene estable todo el año —fresca en verano y cálida en invierno—, lo que vuelve estas casas eficientes y fáciles de habitar. Es, en el fondo, un discreto contraargumento a la idea de que el confort exige hormigón y vidrio.
2. Kandovan (Irán)
En el pueblo iraní de Kandovan, la vida en cuevas se ha convertido en una tradición con entidad propia. Desde hace más de 700 años, la gente excava sus casas en la roca blanda. Hoy, alrededor de un millar de habitantes vive allí sin intención de cambiar estas moradas singulares por viviendas estándar. Las cuevas requieren un mantenimiento mínimo y conservan un microclima confortable, algo especialmente valioso en las duras condiciones de la zona.
3. Zhongdong (China)
Zhongdong, en China, es otro lugar llamativo donde vivir en cuevas es la norma. Dentro de una enorme cavidad, a 1.800 metros de altitud, se envuelve todo un asentamiento. Pese al aislamiento, sus habitantes han construido una vida cotidiana cómoda sin perder el pulso de la naturaleza. El ejemplo subraya hasta qué punto las personas pueden adaptarse a condiciones de vivienda inesperadas.
¿Por qué las cuevas siguen teniendo sentido?
¿Qué mantiene en el siglo XXI a tanta gente arraigada a estos lugares? Las razones son varias. La tradición pesa: para muchos, este modo de vida es una herencia que merece cuidarse. La economía también cuenta: las cuevas apenas exigen obra y dependen poco de recursos externos. En un mundo que a menudo equipara progreso con más dispositivos y más cristal, esa lógica suena refrescantemente directa.
Está, además, la promesa de una intimidad rara en las grandes urbes. Son espacios donde el vínculo con la naturaleza se siente de cerca, una oportunidad para alejarse del vértigo y mirarse hacia dentro. No es casual que durante siglos las cuevas hayan acogido prácticas espirituales y retiros.
Hoy, muchas casas excavadas se transforman en hoteles de moda que ofrecen una experiencia singular. En Capadocia, cuentan con comodidades actuales —desde agua corriente hasta Wi‑Fi—. Quizá el futuro acerque más innovaciones que sitúen a las cuevas dentro de una arquitectura ambientalmente sostenible.
Las casas cueva no son solo monumentos del pasado: muestran cómo soluciones antiguas encajan con naturalidad en el mundo contemporáneo. Estas viviendas sugieren que tradición e innovación pueden avanzar a la par y abrir horizontes para una vivienda que respete la naturaleza y el legado de los antepasados.