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Por qué Francia prohibió los besos en los andenes en 1910
Descubre por qué Francia prohibió los besos en los andenes en 1910 para evitar retrasos ferroviarios y cómo sobreviven las zonas de besos en estaciones.
Si alguna vez te has despedido de alguien querido en una estación, sabes lo difícil que es dejarlo marchar. En esos minutos, cada segundo pesa. Y, sin embargo, en 1910 Francia decidió que ese ritual romántico estaba estorbando: los besos en los andenes retrasaban las salidas. En el implacable mundo de los horarios ferroviarios, los minutos cuentan. Así nació una de las normas más llamativas de la época: la prohibición de besarse en las estaciones.
A comienzos del siglo XX, el ferrocarril vivía un auge. Los trenes ganaban popularidad y los horarios rígidos eran cruciales. Las despedidas tiernas en el andén se convertían en un auténtico quebradero de cabeza. No cuesta imaginar la escena. Los maquinistas, movidos por la compasión, a menudo esperaban a que las parejas cerraran sus momentos más emotivos. Las consecuencias eran previsibles: las salidas se retrasaban y el resto de pasajeros se impacientaba.
Para atajar el problema, las autoridades francesas dieron un paso radical: prohibieron los besos en los andenes. La medida buscaba mantener el orden y respetar el horario.
Los detalles finos de cómo se aplicó la regla no han llegado hasta nosotros. Lo que se conoce sugiere que fue, sobre todo, preventiva: es poco probable que hubiera una “policía de estación” especial patrullando andenes en busca de infractores. Resulta mucho más verosímil que la prohibición actuara como un aviso de prioridades —el orden público primero—, un gesto que marcaba el tono más que una mano dura.
Con el tiempo, entre nuevas tecnologías y cambios en las normas sociales, la ley se fue perdiendo de la memoria. Hoy se menciona rara vez y, por lo que indican los hechos, ya no se aplica. Sobrevive como un intento pintoresco de regular la vida cotidiana.
Aun así, el romance en la estación no ha desaparecido. Algunas estaciones francesas han incorporado las llamadas zonas de besos: espacios reservados donde las parejas pueden despedirse sin prisas. Es un compromiso equilibrado entre la disciplina del horario y la necesidad humana de demostrar afecto.