09:39 21-12-2025
La historia de la Torre Eiffel: de protesta a símbolo de París
Descubre cómo la Torre Eiffel pasó de proyecto rechazado para la Exposición Universal de 1889 a ser símbolo de París y un hito de la ingeniería moderna.
Cuesta imaginar París sin la Torre Eiffel. Elevada sobre la ciudad, hace tiempo que es su emblema, un imán para viajeros y una fuente de inspiración para artistas, escritores y cineastas. Sin embargo, cuando Gustave Eiffel presentó su proyecto, estalló la indignación. Muchos parisinos la veían como un armatoste de hierro sin gusto, y arquitectos y autores de renombre firmaron una petición para frenarlo. La ironía es evidente: aquello que tantos despreciaban terminó convertido en la tarjeta de presentación de la ciudad.
A finales del siglo XIX, mientras Francia se preparaba para la Exposición Universal de 1889, con la que celebraba el centenario de la Revolución Francesa, se convocó un concurso para erigir una estructura temporal que simbolizara el progreso y la destreza técnica. Pese a la controversia, el diseño del ingeniero Gustave Eiffel y su equipo fue el elegido.
Después llegó la reacción: más de 300 figuras destacadas de las artes y las ciencias, entre ellas Guy de Maupassant, Charles Gounod y Alexandre Dumas hijo, firmaron una carta abierta que describía la torre como un monstruo sin sentido y sin belleza. En la Protesta contra la Torre Eiffel, la comparaban con una negra chimenea de fábrica que afearía el rostro de París.
Pese a las protestas, la torre se terminó en 1889. Al principio no conquistó a los parisinos, pero el público internacional reaccionó de otro modo. Los visitantes de la Exposición Universal quedaron cautivados por la proeza de ingeniería: la estructura de hierro forjado de 324 metros impresionaba no solo por su tamaño, sino por la audacia de su arquitectura.
Además, la torre demostró pronto su utilidad práctica. A comienzos del siglo XX se usó para emisiones de radio, un factor que contribuyó a salvarla. En principio estaba previsto desmontarla veinte años después de la exposición, pero las señales transmitidas desde su cima subrayaron su importancia estratégica.
Con el tiempo, las miradas cambiaron de forma radical. La torre pasó a encarnar el avance tecnológico y la valentía ingenieril. Apareció en obras de arte y en postales, carteles y fotografías. Hacia mediados del siglo XX, la Torre Eiffel se había consolidado como la principal atracción de Francia.
Hoy es difícil separar París de esa silueta afinada. Más allá de atraer a millones de visitantes, la torre sigue acogiendo nuevas ideas. Las repinturas periódicas, las instalaciones de luz y las soluciones de ingeniería contemporánea le permiten mantener su estatus de maravilla histórica y, al mismo tiempo, tecnológica.