21:48 20-12-2025
La gran cancha de pelota de Chichén Itzá: historia, reglas y sacrificio
Descubre la mayor cancha de juego de pelota maya en Chichén Itzá: historia, reglas del pok‑ta‑pok, acústica ritual y el debate sobre los sacrificios mayas.
Chichén Itzá, uno de los yacimientos arqueológicos con más historia de México, suele asociarse con la Pirámide de Kukulcán, emblema inconfundible del mundo maya. Pero hay otra maravilla que detiene a cualquiera: el inmenso juego de pelota, la mayor cancha conservada de toda Mesoamérica, envuelta en misterio y leyenda. Hay quienes sostienen que en este campo una derrota podía costarle la vida a un jugador.
La cancha más grande y esos curiosos anillos en los muros
La cancha de Chichén Itzá es verdaderamente colosal: casi 170 metros de largo, algo así como el tamaño de dos canchas de fútbol. A ambos lados se elevan altos muros, cada uno con un anillo de piedra a unos seis metros del suelo. Los jugadores intentaban hacer pasar una pesada pelota de hule por esos anillos usando solo caderas, codos y rodillas. Las manos y los pies quedaban prohibidos.
No parece un recinto deportivo cualquiera, sino un espacio en el que cada detalle pesa. Incluso el sonido se comporta distinto: una voz lanzada desde un extremo viaja con nitidez hasta el otro. Los investigadores consideran que esa acústica singular servía a rituales y ceremonias, y no es difícil imaginar discursos y cánticos recorriendo la cancha de lado a lado.
¿Qué clase de juego era?
El juego se conocía como pok‑ta‑pok. Se practicaba en muchas ciudades mayas, pero en Chichén Itzá tuvo, a todas luces, un lugar especial. La pelota podía pesar hasta cuatro kilogramos, y recibir su impacto con el cuerpo no era poca cosa. Lograr que atravesara un anillo de piedra se consideraba una hazaña.
La forma exacta en que transcurría un partido sigue siendo incierta, y las reglas probablemente variaban de una ciudad a otra. En Chichén Itzá, estaba claro que era más que entretenimiento. Ocupaba un sitio destacado en la religión y la cultura, y quizá simbolizaba luchas cósmicas: el bien y el mal, el día y la noche.
¿Sacrificio tras el juego: mito o realidad?
Muchos han oído que a los perdedores los mataban. En los muros de la cancha aparecen escenas donde un jugador es decapitado. Pero aún se debate quién era la víctima.
Algunos especialistas sostienen que pagaban los derrotados. Otros, por el contrario, creen que los vencedores eran ofrecidos como sacrificios honoríficos. También existe la idea de que la víctima no fuera un jugador, sino una persona elegida especialmente, y que el juego acompañara el rito.
Los restos humanos hallados cerca de la cancha confirman que hubo sacrificios. Lo que no aportan es un veredicto definitivo sobre quién fue sacrificado o por qué. Esa falta de certezas, lejos de disipar el magnetismo del lugar, lo acentúa.
¿Por qué nos sigue atrapando el tema?
Hoy nadie juega pok‑ta‑pok en Chichén Itzá, pero la memoria del juego perdura. En algunas regiones de México incluso buscan reavivarlo como patrimonio cultural. Mientras tanto, los investigadores siguen persiguiendo respuestas: cómo se jugaba en realidad, qué transmitían los rituales y a quién se elegía para el sacrificio.
Más de mil años después, la historia de esta antigua cancha de pelota continúa cautivando. Recuerda que el deporte pudo ser asunto de vida o muerte —en el sentido más literal— y que un juego puede cargar significados que van mucho más allá del marcador.