13:25 06-12-2025

Mulkirigala, monasterio en la roca cerca de Tangalle, Sri Lanka

Descubre Mulkirigala, antiguo monasterio budista de Sri Lanka cerca de Tangalle: siete templos rupestres, murales vívidos, 500 peldaños y vistas sobre la selva

By Gobbler - Own work, CC BY-SA 3.0, Link

A pocos kilómetros tierra adentro de la costa sur de Sri Lanka, cerca de la localidad de Tangalle, una mole de roca emerge de la vegetación. No es especialmente alta —poco más de 200 metros—, pero llama la atención por su silueta y su carácter. En la cima se asienta el antiguo complejo budista de Mulkirigala, construido hace casi 2.000 años y todavía uno de los lugares más sugestivos de esta zona de la isla.

La roca que guarda los templos

Se llega a la cumbre por una larga escalinata —más de 500 peldaños—. En la subida aparecen terrazas, cuevas, viejos portones y esculturas. En total son siete templos rupestres, cada uno con su propio relato. En el interior, las imágenes del Buda —sentado, de pie y recostado— conviven con murales de gran viveza que han visto pasar los siglos.

Desde la cima, la vista se abre sobre la selva. La calma desarma; parece que el tiempo aquí hiciera una pausa.

Casi 2.000 años de historia

Los historiadores sitúan el monasterio en el siglo III d. C., durante el reinado de un rey llamado Saddhatissa. Con el paso de los siglos, el templo se reconstruyó, se amplió con nuevas estancias y se pintaron sus muros. Tuvo un auge especial bajo los reyes de Kandy, un periodo tardío de la historia de Sri Lanka conocido por su tradición artística.

Hoy el lugar está protegido por el Estado como monumento destacado. Permanece abierto al público y atrae tanto a peregrinos como a viajeros.

Qué buscar en el interior

Los murales son los que roban la mirada. Relatan episodios de la vida del Buda y de sus encarnaciones anteriores, en un estilo propio de Sri Lanka. Los colores han perdido algo de intensidad, pero las escenas siguen nítidas y expresivas.

Más allá de las pinturas, las cuevas guardan columnas de madera, arcos tallados, antiguas puertas y estatuas. Mucho ha sobrevivido de épocas anteriores, y el conjunto transmite la silenciosa sensación de entrar en otro tiempo.

Por qué merece el desvío

A pesar de su larga trayectoria, el monasterio sigue siendo relativamente poco conocido. No convoca las multitudes de los grandes emblemas de Sri Lanka, como Sigiriya. Y eso juega a favor: aquí se respira tranquilidad, sin tumultos, y la atmósfera llega sin filtros.

Desde la cercana Tangalle, el trayecto en coche ronda la media hora. La subida no es la más sencilla, pero hay lugares para descansar en el camino, y el panorama desde arriba compensa el esfuerzo.

Sugestivo incluso a distancia

Mulkirigala no interpela solo a quien viaja. Quien se interese por la historia, la cultura o el budismo encuentra aquí algo genuino: murales antiguos, santuarios en cueva y la propia roca, que la gente asciende desde hace siglos.

Además, es un raro ejemplo de naturaleza y arquitectura en concierto. La roca no es solo un cimiento: forma parte del templo. Esa unidad se percibe en cada detalle.