09:41 06-12-2025
Taikomochi y geishas masculinos: origen, declive y legado
Descubre la historia de los taikomochi, los primeros geishas masculinos en Japón: su origen, declive y legado cultural. Conoce cómo evolucionó esta tradición.
La imagen de la geisha ha sido durante mucho tiempo un emblema de la cultura japonesa: una mujer elegante con kimono, el rostro pintado de blanco, movimientos medidos y precisos. A primera vista, parece una vocación siempre femenina. Sin embargo, pocos reparan en que, en sus orígenes, los geishas eran hombres.
¿Quiénes eran los taikomochi y por qué importaban?
Hace siglos, en el Japón medieval, existían hombres conocidos como taikomochi (o houkan). Su oficio consistía en entretener a los invitados: contaban historias, bromeaban, cantaban, tocaban instrumentos y mantenían viva la conversación. Eran el alma de las reuniones y virtuosos de la sociabilidad. No extraña que fueran muy apreciados en las casas de los ricos y los nobles.
Estos intérpretes surgieron hacia el siglo XIII y durante mucho tiempo ocuparon un lugar destacado en la vida cultural. Podrían compararse con maestros de ceremonias o animadores de hoy, pero anclados en un entorno mucho más tradicional.
¿Cuándo aparecieron las geishas mujeres?
Hacia mediados del siglo XVIII, la tendencia dio un giro. Las fuentes señalan que la primera geisha mujer apareció en 1751. Poco a poco, las mujeres acapararon más atención: cantaban, bailaban y tocaban instrumentos, una combinación especialmente atractiva. Con el crecimiento de nuevas ciudades y el auge del comercio, el apetito social por este tipo de ocio no hizo más que aumentar.
Con el tiempo, las mujeres desplazaron a los hombres de ese escenario. Los geishas masculinos se hicieron cada vez más escasos, pese a haber sido los pioneros.
¿Qué ocurrió con los geishas masculinos?
La profesión de taikomochi se fue apagando. Para el siglo XX quedaban muy pocos y, en la actualidad, casi han desaparecido. Los recuentos más recientes hablan de en torno a cinco: cuatro en Tokio y uno en Kioto. Mantienen viva la tradición más antigua más por dedicación que por ingresos.
Hoy casi nadie sabe que existen. La mayoría da por hecho que una geisha es una mujer. Sin embargo, hubo un tiempo en que la historia se contaba de otra manera.
¿Qué cambió y qué se mantuvo?
Aunque hoy la mayoría de las geishas son mujeres, la esencia del oficio perdura: no es una distracción cualquiera, sino el arte de la conversación, la habilidad para crear un clima, contar una historia con pulso y sostener un diálogo que atrape.
Lo que ha variado es la percepción pública, el estilo exterior y, por supuesto, quién sube a escena. En la actualidad, la palabra geisha evoca la idea de feminidad japonesa. Conocer cómo empezó todo permite leer la tradición con más matices.
¿Por qué importa?
Esta historia no habla solo de Japón y su cultura. Traza cómo evolucionan los oficios, cómo cambian los roles de hombres y mujeres y cómo las tradiciones se adaptan a un mundo distinto. Lo que hoy parece imperecedero fue otra cosa en su día.
Tenerlo presente ayuda a entender cómo funciona la cultura y anima a mirar dos veces aquello que dábamos por obvio.