01:30 03-12-2025
Astaná en invierno: cómo la capital de Kazajistán se adapta al frío extremo
Descubre cómo Astaná, gélida capital de Kazajistán, afronta inviernos de –30 °C con calefacción robusta, cinturón verde y una agenda climática.
Imagínese una ciudad donde el invierno se alarga medio año, con termómetros que caen muy por debajo de –30 °C y un viento cortante recordando a cada paso que esto es el norte. Esa ciudad es Astaná, la capital de Kazajistán y una de las más frías del mundo. Y, aun así, pese a las heladas y la ventisca, la ciudad no solo resiste: crece, se adapta y, más a menudo de lo que cabría esperar, sorprende.
Un invierno de verdad
Astaná se extiende en plena estepa kazaja. El clima es severo: los veranos son breves; los inviernos, largos y muy fríos. En enero, la temperatura media ronda los –12 °C, pero los –30 °C no son raros, sobre todo en enero y febrero. En 2024, el frío volvió a apretar, con registros bajos que se mantuvieron durante buena parte de la estación.
Si a eso se suman vientos intensos y aire seco, se entiende por qué el invierno aquí se siente especialmente implacable. Los días suelen ser soleados, lo que anima un poco el paisaje, aunque no amansa el frío.
Cómo se las arregla la ciudad
Cuando Astaná se convirtió en capital en 1997, tuvo que aprender deprisa a funcionar en este clima. Desplegó un sistema de calefacción potente, un suministro de agua fiable y una infraestructura energética robusta: todo lo necesario para que la ciudad no se congelara en invierno.
Con la expansión urbana, aparecieron nuevos retos. Estudios científicos señalan que la construcción intensiva ha reducido las zonas verdes y los cuerpos de agua. Eso perjudica al entorno y endurece aún más el clima local.
Para contrarrestarlo, Astaná ha estado creando un “cinturón verde”, plantando árboles alrededor de la ciudad. La idea es domar el viento, mejorar la calidad del aire y suavizar ligeramente el clima. El proyecto se considera una de las iniciativas clave de resiliencia climática de la región.
Qué hace el país
El frío no es solo un problema de una ciudad. En 2024, Kazajistán puso en marcha un proyecto que reconoció oficialmente hasta qué punto el clima influye en el desarrollo del país y que es necesario abordarlo. El objetivo es incorporar los riesgos meteorológicos a la planificación del futuro.
Y en 2026, Astaná acogerá una cumbre climática importante: los países de Asia Central se reunirán para debatir cómo responder a los desafíos vinculados al clima. En otras palabras, la capital no solo afronta sus propios problemas, sino que también se posiciona como referencia para otros.
¿Por qué trasladar allí la capital?
La pregunta surge a menudo: ¿por qué ubicar la capital en un lugar tan frío? La explicación está en la política y la estrategia. Astaná está más cerca del centro geográfico del país, lo que facilita trazar carreteras y desarrollar nuevas regiones. El precio es evidente: heladas severas y altos costes de calefacción e infraestructura.
La ciudad se las arregla, pero cada año la tarea se vuelve más compleja. Los patrones meteorológicos cambian, los inviernos son menos previsibles y la presión sobre los servicios públicos aumenta.
Lo que Astaná puede enseñarnos
Astaná no es solo una capital; es un lugar donde vivir en condiciones duras se ha convertido en un oficio cotidiano. La ciudad prueba nuevos enfoques de construcción, revegetación urbana y gestión de recursos. Está lejos de ser perfecta, pero ya se ha avanzado mucho.
Si el cambio climático trae extremos más frecuentes, la experiencia de Astaná podría resultar útil mucho más allá de sus fronteras.
Astaná no es simplemente un punto nevado en el mapa. Es un lugar donde la gente vence al frío día tras día, levanta edificios, planta árboles y encuentra soluciones allí donde la vida podría parecer imposible.